miércoles, 8 de abril de 2020

El final de una vida digna

A día de hoy, en un mundo lleno de falta de empatía donde sobra hipocresía y en el que se echa de menos la coherencia, un tema tabú que está en el punto de mira en nuestra sociedad es el derecho a una muerte digna al final de nuestras vidas. Ese derecho que todos deberíamos poder tener para poder decir que una persona “ha vivido bien”. Pero lamentablemente existe un vacío legal eterno y todavía no se ha convertido en un derecho constitucional.

Podríamos decir que tradicionalmente, el suicidio siempre se ha visto como un acto ilegítimo yendo de la mano siempre de la religión. Desde el punto de vista cristiano, nada justifica que tú pongas fin a tu vida por ti solo, Dios ha sido el que te la ha dado y Dios es el encargado de quitártela cuando llegue el momento oportuno. Pero y si dejamos de lado la religión... ¿Es ético decidir finalizar mi vida?

        Hay algunos jóvenes, no todos, que después de haber realizado la primera comunión católica, se han ido haciendo mayores y conforme su pensamiento crítico ha ido aumentando y mejorando, se han dado cuenta de que ni creen ni dejan de creer en una figura suprema a nosotros que reside en el cielo, básicamente porque nunca la han visto con sus propios ojos. Pero tampoco niegan la existencia de Dios rotundamente porque lo que hoy es inexplicable, mañana puede ser explicado con pruebas. Es decir, son agnósticos. Yo también me considero así y por eso no creo que el hecho de finalizar tu propia vida se tenga que considerar como algo ilegítimo, independientemente si perteneces a alguna religión o no. Es tu vida y solo tú puedes decidir qué hacer con ella.

        Volviendo a esa “muerte digna” en algunas situaciones debería estar garantizada. Por ejemplo, en el caso de que una persona sufra una enfermedad y debido a ella ha pasado a depender de los demás para sobrevivir, si el paciente decide acabar con su vida mediante la eutanasia porque padece de una enfermedad terminal o incurable, debería ser totalmente legal. Si el paciente no pudiera decidir porque su enfermedad no se lo permite, sería diferente porque pasaría a tener todo el peso de la responsabilidad la familia pero en el caso de que el paciente esté psicológicamente estable, debería ser aceptable y se debería respetar.
                                                  
        Todo ser humano tiene derecho a la vida, pero cuando ese derecho se ve afectado por unas condiciones de salud lamentables, donde la persona ha perdido por completo su libertad y ha pasado a que su vida dependa de los cuidados intensivos de los demás, tal vez habría que diferenciar entre “vida” y “buena vida”. Debemos valorar ante todo la calidad de vida porque en el momento en el que esa calidad no es lo suficientemente digna para vivir bien por uno mismo, desde el punto de vista ético no es justo para la persona que está sufriendo el dolor. Inconscientemente, tendemos a sacar nuestro lado egoísta por el sentimiento que tenemos hacia esa persona pero la manera más bonita de amar creo que es siempre respetar la decisión de esa persona, aunque eso traiga un dolor indescriptible por su pérdida. Pasa lo mismo con las parejas, cuando a uno de los dos se le acaba el amor hacia la otra persona y quiere finalizar con la relación porque está sufriendo y no quiere ver sufrir a su pareja, yo por mucho que quiera a esa persona no puedo ir y decirle: “Oye, vamos a seguir con la relación porque tú me haces feliz”, si quiero tanto a esa persona quizás debería entender que su felicidad y su bienestar igual es estar sin mí, si hay amor real hacia la otra persona, lo respetaría aunque doliera.

        Este tema tiene tanto vacío legal por la cultura, desde nuestros orígenes, la muerte la hemos interpretado como algo oscuro o tenebroso. La muerte se considera un tema tabú, por mucho que digamos que la tenemos controlada y superada, inevitablemente todos evitamos hablar de ella. Lo vemos de esta forma porque sabemos que cuando a una persona le llega la muerte, no va a volver nunca más con nosotros. Pero la única forma de sobrellevar bien la pérdida de alguien es normalizando la situación. Debemos ver la muerte como algo natural, como el último periodo de la vida por el que todos tenemos que pasar. Mientras tanto, solo debemos preocuparnos de vivir bien y de la calidad de vida como ya he dicho en algunos casos. La filosofía en este tema vuelve a tomar el protagonismo porque la muerte es algo fundamental de la vida y a la vez es uno de los temas más complejos del ser humano, podríamos decir que sin muerte no hay vida. Una gran figura de la filosofía como por ejemplo Sócrates, afirmó que la filosofía es aprender a morir.
        Podríamos tomar ejemplo también de lo que decía el sabio de Epicuro, ya que él pensaba que para qué preocuparse de la muerte si cuando estamos vivos, la muerte no está presente y cuando la muerte llega, ya no estamos presentes y no sentimos nada. Todavía estamos a tiempo de valorar la “buena vida” y no el cuánto se vive, sino el cómo se vive.

De nada sirve vivir dignamente si al final de todo, no tenemos una muerte digna.



✅ Frases y citas célebres de Epicuro 📖


Si os queréis documentar más sobre este tema, aquí abajo dejo los enlaces a un documental que trata sobre el derecho a una muerte digna:
https://www.youtube.com/watch?v=bAAfenZs46o
https://www.youtube.com/watch?v=SgMGHJHbjEA
https://youtu.be/zXfmei-oXyc

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