| Guy Debord (1931-1994) |
En pleno siglo XXI estamos muy evolucionados respecto al tema de la tecnología. Cada vez las nuevas tecnologías nos facilitan más nuestra vida y nos proporcionan más comodidades. Por ejemplo, mucha gente para no ir a comprar al supermercado, compra por Internet. Como esa facilidad, hay mil más. Y están muy bien ya que son facilidades con una eficacia evidente y mayoritariamente son seguras. Gracias a la tecnología también nos podemos enterar de noticias a tiempo real. Pero las tecnologías también esconden una serie de problemas que la mayoría de veces no se pueden ver a simple vista. Casi siempre nos concentramos en una pantalla y nos olvidamos de que afuera hay un mundo real y gente de verdad. Pero este problema creo que lo padecemos todos, aunque algunos más que otros. La clave está en ir dándonos cuenta de este fallo tan normalizado poco a poco.
En una serie de televisión llamada "Merlí" hay un capítulo en el que se nombra al filósofo Guy Debord. Este pensador francés, decía que nuestro entorno es un modelo de sociedad que ha ido convirtiendo la vida de la gente en un auténtico espectáculo. Para este filósofo que desconocía por completo las redes sociales, vivimos en una especie de pantalla donde todo el mundo quiere ser visible a cualquier precio con tal de hacer lo mismo que hace todo el mundo. Dicho de otra manera, si no te muestras, no existes. Así que solo cuenta lo que publicamos de nosotros mismos en las redes sociales. Con investigar e indagar un poquito sobre este filósofo, se puede sacar en claro que de alguna forma, las redes sociales nos obligan a publicar la mayoría de cosas que pasan en nuestra vida. No toda la gente lo hace pero la mayoría sí porque parece ser que al no exponer cosas de tu vida se produce un sentimiento de rareza ante la sociedad.
¿Quién no ha subido una foto a una red social fotografiando lo que está haciendo en ese momento?
Sí, es el famoso denominado "postureo". Todos lo hemos hecho alguna vez, yo he llegado a la conclusión de que casi todas las veces a la gente no le tiene que importar lo que estés haciendo en ese momento. Aunque eso no quita que si estoy haciendo algo y quiero subirlo porque me apetece y quiero, lo suba. Las personas que suben absolutamente todo sobre su vida, viven por y para las redes sociales. Si hacemos eso, se podría decir que no existe la privacidad en la red y eso debería ser fundamental.
Hay otro ejemplo más claro todavía; cuando vas a un concierto de tu cantante favorito, lo típico es grabarlo con el móvil para tenerlo guardado. Pero de lo que no te estás percatando es de que lo estás viendo a través de una pantalla pudiendo verlo en directo. Este problema de la tecnología se está convirtiendo poco a poco en algo totalmente habitual y es una lástima que estemos tan concentrados en una insignificante pantalla.
Otro de los problemas graves que están ocultos en las tecnologías es que pueden llegar a ser muy engañosas debido a que la identidad que se proyecta no siempre es la real. Nosotros vamos publicando cosas de nuestra vida en función de lo que queremos que la gente vea y conozca, simplemente por el hecho de que no queremos que desconocidos sepan cosas privadas de nosotros sin conocernos. También se dan muchos casos de personas que se crean una identidad falsa en alguna red social para intentar engañar a la persona con la que está hablando. Con lo cual, hay que tener mucho cuidado y ante todo, asegurarse de la identidad de la persona con la que estamos conversando.
Además la tecnología es muy selectiva, tú puedes añadir y quitar amigos de tu perfil a tu gusto. Eso está muy bien ya que nos proporciona la privacidad que merecemos, pero a la hora de estar en sociedad, eso no lo puedes hacer. En ese instante tienes que poner en práctica tus habilidades sociales y desarrollar tu personalidad en persona. Eso parece lógico, pero hay gente que piensa que por tener cinco mil amigos en Facebook ya es popular y ya tiene vida social. Y no, la verdadera vida social empieza cuando sales a la calle, vas a trabajar o vas a clase que es cuando te relacionas con gente real.
En conclusión, no podemos permitir que las redes sociales dominen nuestra vida, al estar todos los días pegados a una pantalla nos estamos perdiendo el hablar con gente real que es lo que de verdad importa.