lunes, 25 de julio de 2022

LA VERDAD ESTÁ EN CRISIS: POSVERDAD Y DESINFORMACIÓN

Hoy en día… ¿Existe la verdad? Y si existe… ¿Quién determina lo que es verdad y lo que es mentira? ¿Qué criterios debemos de seguir para alcanzar la verdad? Estas preguntas son esenciales para detectar los bulos, las noticias falsas que son creadas con el único objetivo de desinformar y demás engaños que son definidos como mentira.

Diferenciar entre apariencia y realidad cada vez se nos hace más cuesta arriba y parece mucho más complejo debido a la sobrecarga de información que tenemos con los medios de comunicación. Hay muchos medios, cadenas de televisión, periódicos, pero claro, en todos esos medios existe una amplia gama de variedad de verdades… ¿En cuál deposito mi confianza? Bueno, eso es un trabajo de reflexión profundo que tarde o temprano, nos debemos enfrentar a él si queremos acercarnos al abismo de la verdad.

En este asunto, es muy importante saber qué personas tienen acceso a la palabra y si echamos la vista hacia atrás, veremos que en la antigüedad no todo el mundo podía hacer uso libremente de la palabra como lo podemos hacer hoy en día. Sin ir más lejos, un claro ejemplo lo encontramos en el libro II de la Ilíada con Tersites, un guerrero aqueo de la guerra de Troya que se atrevió a decirle a Agamenón que quería retirarse de la guerra, debido a ese acto, Ulises se aproximó con su cetro y golpeó a Tersites derribándolo al suelo. Y es que, por aquel entonces, el plebeyo no tenía la capacidad de comunicación, ya que el aristócrata poseía todo lo bello y bueno que se podía llegar a ser. Con lo cual, en aquella época si no tenías poder ni dinero, tenías que vivir con el silencio.

Hoy en día podemos ver que es muy diferente y que ese silencio, de alguna manera, se ha roto. Casi todo el mundo tiene acceso a la palabra y puede hacer uso de ella. Que muchas personas puedan hablar sin tapujos está muy bien, pero con tanta información de tantísimas personas… ¿Con qué información nos quedamos?

Un aspecto que debemos de tener en cuenta es cómo hemos hecho uso de esa palabra, debido a que esto ha conllevado una consecuencia negativa ya que, si cualquier persona puede expresar lo que piensa, se tiende a pensar que no hay límites en la denominada libertad de expresión, pero sí los hay. Existen límites que no debemos pasar debido a que un discurso homófobo, machista, racista  (entre otros muchos más) no se debería de tolerar.

Entonces, al haber tanta variedad de “verdades”, podríamos llegar a pensar que la verdad quizás se ha convertido en una mera opinión que se va ajustando a todo el mundo mediante gustos y preferencias. Aquí nos encontramos con la famosa posverdad.

Si seguimos la definición que nos dicta la RAE, la posverdad sería una distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el propósito de influir en el juicio de una persona. Y es que, la realidad es como un constructo social, entendiendo por constructo social, que a raíz de los hechos que ocurren en nuestra vida, nosotros sin indagar lo más mínimo en esa supuesta verdad, damos como verdadero cualquier enunciado sin detenernos lo más mínimo. De eso se nutre la desinformación, la curiosidad ha desaparecido de la vida de muchos que han asumido que lo más fácil es creerse la primera noticia que se cataloga como “verdad”.  

Y aquí, es donde la filosofía entra en juego, para enfrentarnos a tanta desinformación que nos bombardea diariamente, la única herramienta que nos sirve como solución es la filosofía. La filosofía es esa arma intelectual que lucha con la ignorancia en la que tanta gente se acomoda desde hace mucho tiempo. Ante cualquier duda que tengamos a la hora de decidir con qué información nos quedamos y ante ese miedo de dar como verdadero algo, siempre tenemos que recordar que para que una creencia sea verdadera primero tiene que estar justificada, y si está justificada, tendremos que ver si esos argumentos son débiles o fuertes, en ese momento ya podremos guiarnos más o menos para decidir, aunque puede que aún así nos equivoquemos. Pero no nos quedemos en una simple superficie, dudemos y así podremos pensar.

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