martes, 13 de febrero de 2024

Maldita Nerea y la filosofía


Hagámonos la siguiente pregunta… ¿Vale más la velocidad o el aprendizaje del proceso? Justo de eso nos habla el tema El secreto de las tortugas de Maldita Nerea. Si nos acercamos mínimamente a esta canción podremos ver que inevitablemente está cargada de un contenido filosófico que puede ser muy relevante en nuestras vidas cotidianas. El tema hace una clara referencia directa a Zenón de Citio, filósofo de la Antigua Grecia y gran exponente en la escuela helenística del estoicismo. A través de un mito, podríamos llegar a plantear que la tortuga (en este caso, Maldita Nerea), con trabajo, constancia y dedicación, pese a las adversidades, puede llegar a ser más rápida que una liebre (unos atletas o deportistas). Una de las paradojas más recurrentes y famosas que existen por parte de Zenón de Citio, es la que protagoniza Aquiles, en donde podemos observar cómo se desarrolla una especie de conversación sobre la velocidad y el tiempo.

– ¿Aquiles –el más veloz– sabrá alcanzar a la tortuga –la más lenta–?

– Ciertamente sí, si es más veloz.

– ¡Pero yo sostengo que el más veloz no podrá alcanzar al más lento!

– ¡Vamos, seguramente lo logrará, si es más veloz!

– Sin embargo, si lo piensas bien, comprenderás tú también que no tendrá éxito.

– ¡Pero no! De todos modos, incluso suponiendo que tuvieses razón, ¿qué más tendría que comprender?

– Considera este punto: si el más veloz debe alcanzar al más lento, al comienzo se dirigirá al punto en que se encuentra el más lento. ¿Estamos de acuerdo al menos en esto?

– Sobre esto sí.

– Pero ¿mientras tanto el más lento habrá estado quieto? ¿Se habrá quedado allí a esperar?

– Obviamente no. Si es lento, quiere decir que se mueve.

Que seamos lentos y no vayamos rápido, no significa que estemos parados y nos sometamos a una pausa eterna. Claro que avanzamos, la tortuga es la clara representación del conocimiento, del esfuerzo constante y del no tener prisa en llegar a la meta, disfrutando y superando así el proceso en el que se está sumergido. Aquiles por muchas capacidades de velocidad que tenga adquiridas y por mucha velocidad que posea, nunca podrá llegar a superar a la tortuga, porque la tortuga nunca dejará de estar en movimiento. La velocidad no implica ninguna seguridad de llegar a la meta, lo que determina llegar a la meta y a los objetivos es el trabajo y la concentración que vamos a llevar a cabo. Como ya vemos, la filosofía puede estar en cada uno de nuestros rincones, solo hace falta que lo veamos de forma distinta y con otro enfoque. El conocimiento es lento al igual que la tortuga, en cambio, en una sociedad líquida en donde reina la inmediatez, es decir, la información (la liebre) se tiende a caer en esta segunda sin atender en realidad al verdadero proceso de aprendizaje. Si conseguimos no caer en eso, podremos entender el secreto de las tortugas. 


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