jueves, 23 de abril de 2020

¿Se puede conseguir la eudaimonía?

        ¿A quién no le gustaría ser feliz durante toda la vida? Uno de los objetivos fundamentales de todo ser humano es intentar estar feliz, aunque a veces por determinadas circunstancias los problemas llaman a nuestra puerta y no se van hasta que les abrimos. Y a veces se quedan a vivir con nosotros un tiempo. Con lo cual, a simple vista, no siempre estamos felices. Pero hay que tener claro el concepto de "felicidad" o en griego "εὐδαιμονίᾱ".


        El concepto de "eudaimonía" se asocia directamente con la ética aristotélica ya que el objetivo final en esta ética es alcanzar la felicidad. Para Aristóteles, que fue una de las grandes e importantes figuras de la historia de la filosofía, cuestionarse lo que estaba bien o lo que estaba mal, pasaba a un segundo plano porque lo verdaderamente importante era la felicidad. La eudaimonía para Aristóteles es la vida completa del ser humano, abarca absolutamente todo nuestro periodo de vida, con lo cual, no es ni un estado ni una situación en el tiempo, es la vida entera. Y hay que destacar también que es el fin de sí misma ya que "quiero ser feliz porque sí", ese es el único objetivo, no se consigue para otra cosa.

        Cuando Aristóteles nos dice que la felicidad abarca toda la vida, se refiere a que al final de la vida, puedes juzgar si has sido feliz o no. Solo puedes juzgar si has tenido una vida totalmente plena al final. 

        Pero en mi opinión, me resulta un poco contradictorio que la felicidad no se mida en momentos o estados, pues la mayoría de veces no estamos felices las veinticuatro horas del día, no es imposible pero es poco probable estarlo porque durante el día suceden acontecimientos en nuestra vida que pueden influir en el estado de ánimo provocando "bajones". En consecuencia, si no estamos felices absolutamente todas las horas del día, mucho menos será toda la vida. La mayoría de veces creo que asociamos la felicidad con pequeños momentos simples, la vida es muy simple, con lo cual nosotros también lo somos (aunque a veces queramos complicarnos). Un simple mensaje de alguien, un baño relajante, comer tu helado favorito, ver una serie en el sofá, sacar buena nota en ese examen tan difícil, ir a un concierto de tu cantante preferido o incluso salir a la calle en tiempos de coronavirus, nos provoca felicidad... Y todas esas cosas se basan en estados y situaciones. Aunque queramos y le pongamos ganas y esfuerzo, no podemos estar felices siempre. Nuestra vida está condicionada a muchísimos factores que la mayoría de veces no dependen de nosotros. Con lo cual, estamos sometidos siempre a ese "azar" de lo que va a pasar y puede que pase algo que de forma directa o indirecta, nos produzca tristeza, enfado, decepción...

        La felicidad de alguna manera u otra, está totalmente ligada al placer, ya que lo contrario al placer sería el dolor y eso supondría lo contrario a la felicidad. Esos pequeños momentos que hacen que estemos felices nos provocan siempre momentos placenteros, ya lo decía una de las escuelas helenísticas más importantes, el epicureísmo. Para el epicureísmo el placer es esa especie de "antídoto mágico" que nos proporciona la felicidad. De este modo, creo que viene muy bien al caso esta referencia epicúrea.

En definitiva, desde el punto de vista aristotélico, para mí conseguir la eudaimonía es imposible ya que si es un proceso de toda la vida y no es ni un estado ni una situación, es imposible porque no podemos estar felices siempre. 

La felicidad se basa en pequeños momentos y contra más simples sean, más placer provocan, no obstante, sigo en busca de ella.

Aristóteles, el que sabía de todo - Zenda
Ilustración de Aristóteles (385 a.C - 323 a.C)

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