viernes, 21 de octubre de 2022

¿EL PERDÓN TIENE LÍMITES? DESHUMANIZACIÓN E IDIOTAS MORALES

A día de hoy, está muy de moda pedir perdón por cualquier cosa, se hace tanto, que puede que haya perdido con el paso del tiempo el verdadero valor que contiene un acto como el de pedir perdón para ser perdonado. Pero... ¿Hay varios tipos de perdón? ¿Todo perdón vale? ¿El perdón tiene límites?

A simple vista, el perdón existe porque existe el mal. El ser humano cuando obra una acción moralmente incorrecta puede generar en los demás daño y si esa persona que ha actuado mal, tiene conciencia de sí mismo y piensa por sí mismo, puede llegar a ser consciente de la maldad que ha cometido.

El holocausto producido durante la Segunda Guerra Mundial marcó un antes y un después, no solo en la historia del mundo sino también en la visión que se tenía sobre la muerte humana. A raíz de todos esos crímenes horrorosos, nació un nuevo tipo de muerte en la que ya no moría la persona, moría una copia de la copia. Se produjo una clara deshumanización bestial del propio individuo, donde al sujeto le habían arrebatado su vida en toda su totalidad. Los judíos frente a los alemanes nazis ya no entraban dentro de la categoría de persona, fueron reducidos a meros insectos, los cuales debían morir para eliminar esa "plaga". Theodor Adorno, en Dialéctica Negativa, ejemplificó este asunto de la manera más real y sincera. Cito textualmente:

"Con el asesinato administrativo de millones, la muerte se convirtió en algo que nunca había sido todavía de temer así. Ya no había ninguna posibilidad de que entrara en la vida experimentada de los individuos como algo concordante con el curso de ésta. El individuo es despojado de lo último y más pobre que le había quedado. El hecho de que en los campos ya no muriese el individuo, sino el ejemplar, tiene que afectar también a la muerte de los que escaparon a la medida. (...) Auschwitz confirma el filosofema de la identidad pura como la muerte" (Página 332)

En el siglo XX con Hannah Arendt se rehabilita el problema del mal con su tesis fundamental de la banalidad del mal en Eichmann en Jerusalén. Con lo cual, el problema del mal se enfoca en la teodicea desde Epicuro hasta Hume, aunque más tarde Hannah Arendt renueva de una forma novedosa el problema del mal con la llegada de acontecimientos terribles como genocidios o ataques terroristas.

Nos centraremos básicamente en la obra Eichmann en Jerusalén (1963) de Hannah Arendt, escritora, teórica política y una de las filósofas más influyentes del siglo XX. Dicha obra, nos permitirá adentrarnos en el problema del mal banal, término que fue acuñado por la propia Hannah Arendt y que tanto nos liga al mal y al perdón.



Si nos centramos en primer lugar en Eichmann en Jerusalén, el sujeto protagonista será Adolf Eichmann. Fue miembro de la SS y fue el funcionario responsable del traslado de millones de judíos a los campos de concentración y exterminio. Huyó de Alemania escapando de los juicios de Núremberg de 1945/1946, sin embargo, el Mossad lo encontró en Argentina, lo secuestró y fue juzgado en Jerusalén y finalmente ejecutado en el año 1962. Hannah Arendt fue enviada como corresponsal de prensa desde Estados Unidos y al finalizar el proceso judicial al cual se tuvo que someter Eichmann, realizó el libro Eichmann en Jerusalén, cuyo polémico y famoso subtítulo es: “Un estudio sobre la banalidad del mal”.

Nos tiene que quedar claro que Eichmann era un personaje banal, lo que se opone a la idea del mal como algo profundo y misterioso. Era un “idiota moral” incapaz de pensar por sí mismo y con la imposibilidad de poseer un juicio propio para pensar y actuar.
Si nos adentramos en los capítulos más relevantes de esta magnífica obra, nos podemos detener en el capítulo 8. En este capítulo, y más concretamente, en la página 206, dice Hannah Arendt lo siguiente, cito textualmente:

“El sueño de Eichmann fue una increíble pesadilla para los judíos; en ningún lugar se deportó y asesinó a tanta gente en tan poco tiempo"

Esto nos puede llevar a pensar en la siguiente pregunta… ¿Hasta qué punto perseguir tus sueños implica arrebatarle todo a una persona, incluso su vida solo por tus preferencias personales?

Hannah Arendt como bien decía, la acción que llevó a cabo Eichmann fue contradictoria porque el propio Eichmann en el interrogatorio policial, afirmó que siempre había vivido conforme a la definición kantiana de deber, es decir, con el imperativo categórico kantiano. La autora nos relata de una forma muy detallada el momento del juicio en el que Eichmann se atreve a mencionar a Kant. En el propio interrogatorio policial, Eichmann afirmó con certeza y seguridad que siempre siguió las pautas morales de Kant y aún más la definición de deber. No obstante, Eichmann acaba reconociendo más tarde que terminó abandonando el imperativo categórico cuando se le encargó llevar a cabo “la solución final” en el año 1942.

Lo que hizo simplemente Eichmann fue sustituir a su antojo y gusto individual el imperativo categórico kantiano por el imperativo categórico del Tercer Reich que dice: “Haz aquello que contaría con la aprobación del Führer”. Pero lo cierto es que, si Eichmann hubiera seguido correctamente el imperativo categórico kantiano, nunca hubiera utilizado a los judíos como un mero medio para conseguir sus propios fines, debido a que el imperativo categórico nunca podría haber llegado a justificar un genocidio. Esto se debe a que Kant se posicionaba desde una perspectiva totalmente deontologista, es decir, Kant abogaba por el hecho de que el valor moral de una acción depende del tipo de acción. Por lo tanto, Kant nunca habría aceptado hacer todo lo que hizo Eichmann porque eso sería literalmente ASESINAR, y eso no lo debemos hacer nunca porque no entra dentro de nuestro deber y esa acción no es considerada como una máxima universal aplicable para todo el mundo, además de que estarías utilizando a una persona como un medio y no como un fin para el logro de tus propios intereses personales.

La figura de Eichmann se correspondería con la de un puro fanático o seguidista, ya que, acataba todas las órdenes sin rechistar, necesitaba que alguien pensara por él para luego él actuar tal y como lo que le habían dicho.

Y creo que debemos destacar que, aunque Eichmann no era ningún psicópata, ni la viva imagen de alguien endemoniado o puramente maléfico, Eichmann no era alguien corriente ni normal. No debemos trivializar de una manera tan irracional y rápida todo el análisis que hizo Hannah Arendt acerca de la banalidad del mal porque eso implicaría decir que todos podríamos ser nazis y eso es imposible si no se dan una serie de circunstancias específicas.

Eichmann no era ningún monstruo, pero tampoco era cualquiera porque para llegar a ser como él tendría que haber obligatoriamente un régimen político criminal como lo había en la época de la Alemania nazi. Y sobre todo tendríamos que renunciar obligatoriamente a nuestro juicio moral, padeciendo así una ceguera moral que nos haría totalmente incapaces de pensar por nosotros mismos y de actuar sin recibir ninguna orden.

Según Kierkegaard (1813-1855), el perdón sería capaz de eliminar el pecado que se perdona, acudiendo así a Dios, diciendo que no hay nada que Dios no pueda perdonar, exceptuando la de <<negarse a creer en su grandeza, en su perdón>>. Por lo tanto este filósofo danés pone en relación de una forma muy ligada el perdón con el olvido.

Entonces... ¿Cuáles son los límites del perdón? ¿Debemos perdonar a un nazi que ha matado a miles de judíos? El mal puede llegar a ser obra de la gente normal y corriente que se deja llevar por la ideología dominante sin preguntarse ni cuestionarse nada, aunque dicha ideología llegue a ser hasta criminal. Y a todas esas personas que no están dispuestas a pensar, según Hannah Arendt, no se las puede perdonar.

De toda tragedia tenemos que sacar alguna moraleja para que podamos avanzar positivamente como sociedad y justamente en este caso, creo que nuestro deber se basa en no parar de recordar todos los crímenes contra la humanidad que se cometieron. No podemos mirar hacia otro lado, lo que pasó en los campos de concentración puede volver a pasar si se dan las medidas y circunstancia adecuadas. La historia está para no olvidarla, ya que todo lo que no recordamos, tendemos a repetirlo.


lunes, 25 de julio de 2022

LA VERDAD ESTÁ EN CRISIS: POSVERDAD Y DESINFORMACIÓN

Hoy en día… ¿Existe la verdad? Y si existe… ¿Quién determina lo que es verdad y lo que es mentira? ¿Qué criterios debemos de seguir para alcanzar la verdad? Estas preguntas son esenciales para detectar los bulos, las noticias falsas que son creadas con el único objetivo de desinformar y demás engaños que son definidos como mentira.

Diferenciar entre apariencia y realidad cada vez se nos hace más cuesta arriba y parece mucho más complejo debido a la sobrecarga de información que tenemos con los medios de comunicación. Hay muchos medios, cadenas de televisión, periódicos, pero claro, en todos esos medios existe una amplia gama de variedad de verdades… ¿En cuál deposito mi confianza? Bueno, eso es un trabajo de reflexión profundo que tarde o temprano, nos debemos enfrentar a él si queremos acercarnos al abismo de la verdad.

En este asunto, es muy importante saber qué personas tienen acceso a la palabra y si echamos la vista hacia atrás, veremos que en la antigüedad no todo el mundo podía hacer uso libremente de la palabra como lo podemos hacer hoy en día. Sin ir más lejos, un claro ejemplo lo encontramos en el libro II de la Ilíada con Tersites, un guerrero aqueo de la guerra de Troya que se atrevió a decirle a Agamenón que quería retirarse de la guerra, debido a ese acto, Ulises se aproximó con su cetro y golpeó a Tersites derribándolo al suelo. Y es que, por aquel entonces, el plebeyo no tenía la capacidad de comunicación, ya que el aristócrata poseía todo lo bello y bueno que se podía llegar a ser. Con lo cual, en aquella época si no tenías poder ni dinero, tenías que vivir con el silencio.

Hoy en día podemos ver que es muy diferente y que ese silencio, de alguna manera, se ha roto. Casi todo el mundo tiene acceso a la palabra y puede hacer uso de ella. Que muchas personas puedan hablar sin tapujos está muy bien, pero con tanta información de tantísimas personas… ¿Con qué información nos quedamos?

Un aspecto que debemos de tener en cuenta es cómo hemos hecho uso de esa palabra, debido a que esto ha conllevado una consecuencia negativa ya que, si cualquier persona puede expresar lo que piensa, se tiende a pensar que no hay límites en la denominada libertad de expresión, pero sí los hay. Existen límites que no debemos pasar debido a que un discurso homófobo, machista, racista  (entre otros muchos más) no se debería de tolerar.

Entonces, al haber tanta variedad de “verdades”, podríamos llegar a pensar que la verdad quizás se ha convertido en una mera opinión que se va ajustando a todo el mundo mediante gustos y preferencias. Aquí nos encontramos con la famosa posverdad.

Si seguimos la definición que nos dicta la RAE, la posverdad sería una distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el propósito de influir en el juicio de una persona. Y es que, la realidad es como un constructo social, entendiendo por constructo social, que a raíz de los hechos que ocurren en nuestra vida, nosotros sin indagar lo más mínimo en esa supuesta verdad, damos como verdadero cualquier enunciado sin detenernos lo más mínimo. De eso se nutre la desinformación, la curiosidad ha desaparecido de la vida de muchos que han asumido que lo más fácil es creerse la primera noticia que se cataloga como “verdad”.  

Y aquí, es donde la filosofía entra en juego, para enfrentarnos a tanta desinformación que nos bombardea diariamente, la única herramienta que nos sirve como solución es la filosofía. La filosofía es esa arma intelectual que lucha con la ignorancia en la que tanta gente se acomoda desde hace mucho tiempo. Ante cualquier duda que tengamos a la hora de decidir con qué información nos quedamos y ante ese miedo de dar como verdadero algo, siempre tenemos que recordar que para que una creencia sea verdadera primero tiene que estar justificada, y si está justificada, tendremos que ver si esos argumentos son débiles o fuertes, en ese momento ya podremos guiarnos más o menos para decidir, aunque puede que aún así nos equivoquemos. Pero no nos quedemos en una simple superficie, dudemos y así podremos pensar.

miércoles, 2 de marzo de 2022

FILOSOFÍA Y NIÑOS

Cualquier persona pequeña cuando nace y llega al mundo, de forma involuntaria empieza a desarrollar con el paso de los días, las semanas, los meses y los años, las capacidades cognoscitivas de forma continua. Esto se debe a que el recién nacido desde el primer momento está conectado con los estímulos del mundo y obviamente, con las personas de su alrededor, las cuales le enseñan a utilizar el lenguaje.

Esas capacidades cognoscitivas, de alguna manera podríamos decir que desembocan en el saber, en el más puro conocimiento. Conforme un niño va adquiriendo palabras nuevas y conocimientos, va haciendo un buen uso del lenguaje.

Y es ese buen uso del lenguaje el que precisamente, hace que la criatura empiece a preguntarse cosas debido a que, si una persona adquiere nuevos conocimientos, eso tarde o temprano le generará dudas, de lo contrario, si no se posee ningún tipo de saber, no tendríamos ninguna inquietud cuando somos pequeños por hacer preguntas. Ya sea desde el saber más trivial como que solo se debe cruzar un paso de peatones cuando el semáforo está en verde, hasta el saber más complejo que le pueda parecer a cualquier niño pequeño.

La filosofía es poner en duda absolutamente todo, no dar por sentado nada y cuestionarse las veces que hagan falta cualquier tema, aunque parezca que ya se haya dado por solucionado. La palabra clave que repite de forma continua la mayoría de niños, en esa etapa temprana es: ¿POR QUÉ...?

Curiosamente, conforme vamos creciendo dejamos de preguntar tantas cosas, nos olvidamos en cierta parte de esa curiosidad por el saber de algo, ese es el momento en el que empezamos a dar por sentado las cosas. Una posible respuesta de por qué pasa esto quizás la podemos encontrar en el hecho de que cuando nos educan en la escuela, no nos fomentan a dar rienda suelta a nuestro pensamiento, nos conducen a asentir lo establecido, sea correcto o incorrecto.

De esta forma, se podría afirmar que, en la fase infantil, sí existe la inquietud filosófica (aunque los propios niños no sean conscientes de ello) que todo filósofo debe tener: poner con interrogantes todo. Si ese interés por preguntar lo fomentáramos más en el momento oportuno, se podría ver de una forma más clara y concisa cómo en los jóvenes más desarrollados (adolescentes) reside aún ese despertar por el interés filosófico, solo hace falta despertarlo y activarlo.

No sería una paradoja pues que al crecer olvidáramos esa capacidad de asombro y curiosidad. Por esta misma razón urge tanto el papel de la filosofía en la educación. Si fomentamos esta postura de asentimiento, estaremos formando a jóvenes que carecerán de una gama muy extensa y amplia de inquietud por cualquier asunto de la vida. 

Acabarán siendo tarde o temprano, simples cerebros en cubetas.