Filosofía de la liberación
El
pasado 5 de noviembre, falleció el filósofo, historiador y teólogo argentino
Enrique Dussel. Nos ha dejado un amplio y genuino trabajo filosófico para
recordar y seguir cuestionándonos lo que nos inquieta. Dussel disponía de un
amplio contenido filosófico heterogéneo sumergiéndose dentro de un contexto social
y político enmarcado en América Latina.
Fue
uno de los grandes referentes e influyentes de la filosofía de la liberación. A
partir de mayo del 68, se empieza a observar una especie de movimiento de
corte de izquierdas que llega también a Latinoamérica, se generó una inclinación
hacia las preocupaciones que poseía el pueblo que estaba en situaciones muy
desfavorecidas. En el caso de la filosofía, a partir de dicha preocupación se
empezó a hablar de una filosofía de la liberación.
El
debate de la filosofía de la liberación empieza con los posicionamientos, hay
una serie de personas que dicen que no hay una filosofía genuina en América Latina,
como piensan autores como Augusto Salazar Bondy, en cambio, para Dussel sí que
había una filosofía propia y pura nacida en América Latina. La filosofía de la
liberación se centrará en la gente más desfavorecida, en los oprimidos que han
sido silenciados con el objetivo de eliminarlos.
Dussel
pretendió hacer una filosofía rigurosa que no se dejara llevar por la tradición
europea y norteamericana y que de esta forma, nos podamos focalizar en las circunstancias
de la zona en la que el autor vivía debido a que la filosofía debía de centrarse
en la realidad. Si la filosofía no se ocupa de las personas mundanas, el
trabajo de esta ha fracasado si el objetivo no es que las personas vivan mejor
con una calidad tanto de vida como de pensamiento.
Con
Enrique Dussel podemos observar claramente el desprestigio que se le da a toda creación
filosófica que no se sitúe dentro de Europa, pasa igual con las creaciones filosóficas
en España, país que ha tenido pensadores críticos que hicieron una filosofía de
calidad como por ejemplo Miguel de Unamuno, María Zambrano u Ortega y Gasset,
entre muchos otros.
Hay
una serie de condiciones que hay que ampliar para estar dentro de la tradición
filosófica y precisamente esa es la lucha que lleva a cabo Enrique Dussel, la
eliminación del racismo en el pensamiento crítico. De alguna manera, debemos
reconocer que los filósofos reconocidos dentro de la historia de la filosofía son
un auténtico lastre para hacer filosofía actualmente. Por esa misma razón, este
lastre tiene como consecuencia que a pensadores como Enrique Dussel no se le
haya permitido entrar dentro del marco filosófico oficial.
La
filosofía no va de eso, no es elitismo puro e inmutable, la filosofía debe de
ir de la mano de la libertad de ser, del cambio y de la diferencia.
La
filosofía de la liberación pretende asumir esas posiciones desde una actitud
creadora, pero no ecléctica. Pretende proponer un discurso que incluya
orgánicamente los discursos enunciados, sin desnaturalizarlos, sino más bien
dándoles su profundo sentido. La filosofía tiene que tener como pivote central
al hombre como libertad, como exterioridad, como persona, como oprimido. Por
ello, la política, en su sentido ético metafísico, es su mismo centro; claro
que política popular de las clases explotadas.[1]