sábado, 11 de noviembre de 2023

Adiós a Enrique Dussel (1934-2023)

 Filosofía de la liberación

El pasado 5 de noviembre, falleció el filósofo, historiador y teólogo argentino Enrique Dussel. Nos ha dejado un amplio y genuino trabajo filosófico para recordar y seguir cuestionándonos lo que nos inquieta. Dussel disponía de un amplio contenido filosófico heterogéneo sumergiéndose dentro de un contexto social y político enmarcado en América Latina.

Fue uno de los grandes referentes e influyentes de la filosofía de la liberación. A partir de mayo del 68, se empieza a observar una especie de movimiento de corte de izquierdas que llega también a Latinoamérica, se generó una inclinación hacia las preocupaciones que poseía el pueblo que estaba en situaciones muy desfavorecidas. En el caso de la filosofía, a partir de dicha preocupación se empezó a hablar de una filosofía de la liberación.

El debate de la filosofía de la liberación empieza con los posicionamientos, hay una serie de personas que dicen que no hay una filosofía genuina en América Latina, como piensan autores como Augusto Salazar Bondy, en cambio, para Dussel sí que había una filosofía propia y pura nacida en América Latina. La filosofía de la liberación se centrará en la gente más desfavorecida, en los oprimidos que han sido silenciados con el objetivo de eliminarlos.

Dussel pretendió hacer una filosofía rigurosa que no se dejara llevar por la tradición europea y norteamericana y que de esta forma, nos podamos focalizar en las circunstancias de la zona en la que el autor vivía debido a que la filosofía debía de centrarse en la realidad. Si la filosofía no se ocupa de las personas mundanas, el trabajo de esta ha fracasado si el objetivo no es que las personas vivan mejor con una calidad tanto de vida como de pensamiento.

Con Enrique Dussel podemos observar claramente el desprestigio que se le da a toda creación filosófica que no se sitúe dentro de Europa, pasa igual con las creaciones filosóficas en España, país que ha tenido pensadores críticos que hicieron una filosofía de calidad como por ejemplo Miguel de Unamuno, María Zambrano u Ortega y Gasset, entre muchos otros.

Hay una serie de condiciones que hay que ampliar para estar dentro de la tradición filosófica y precisamente esa es la lucha que lleva a cabo Enrique Dussel, la eliminación del racismo en el pensamiento crítico. De alguna manera, debemos reconocer que los filósofos reconocidos dentro de la historia de la filosofía son un auténtico lastre para hacer filosofía actualmente. Por esa misma razón, este lastre tiene como consecuencia que a pensadores como Enrique Dussel no se le haya permitido entrar dentro del marco filosófico oficial.

La filosofía no va de eso, no es elitismo puro e inmutable, la filosofía debe de ir de la mano de la libertad de ser, del cambio y de la diferencia.

La filosofía de la liberación pretende asumir esas posiciones desde una actitud creadora, pero no ecléctica. Pretende proponer un discurso que incluya orgánicamente los discursos enunciados, sin desnaturalizarlos, sino más bien dándoles su profundo sentido. La filosofía tiene que tener como pivote central al hombre como libertad, como exterioridad, como persona, como oprimido. Por ello, la política, en su sentido ético metafísico, es su mismo centro; claro que política popular de las clases explotadas.[1]



[1] Dussel, E. (2013). Filosofía de la liberación. Buenos Aires: Editorial Docencia.

martes, 21 de febrero de 2023

¿Qué es la filosofía?

Si echamos la vista atrás y miramos la forma de vivir en la antigüedad griega, observamos que por aquel entonces se tenía una concepción muy diferente del término "filósofo" en comparación con la que tenemos ahora del mismo concepto. El significado popular que se le ha atribuido a la filosofía de "amor a la sabiduría" no nos sirve, esa definición no es más que un simple cliché barato que perfectamente lo puedes leer en los azucarillos motivadores de la barra de un bar. De alguna manera, hemos traicionado al término original de filósofo y hemos convertido a la filosofía en un oficio, cuando nunca tendría que haber dejado de ser un modo de vivir.

En la Antigua Grecia, las personas dedicadas al pensamiento, se dedicaban a tratar problemas filosóficos por puro placer, por eso no se consideraban filósofos, eran amantes de la filosofía con el único fin de intentar plantear y contestar las preguntas que generaban angustia en el ámbito humano. Era un modo de vida, en el cual los ciudadanos reflexionaban sobre lo que les preocupaba de la vida. ¿Qué es la filosofía si no es aprender a vivir mejor?

Hoy en día, se ha perdido completamente el uso original del término "filosofía". Ahora, nos hemos convertido todos en sofistas, en donde la filosofía es un oficio y no un modo de vivir. La filosofía tiene que ir más allá de una simple asignatura o de una mera explicación en el aula y tampoco puede quedarse en el terreno elitista donde solo un grupo determinado de personas estén capacitadas para hacer filosofía. Ni tampoco por estudiar la carrera de Filosofía te conviertes automáticamente en filósofo. Ahí ya el término filósofo está contaminado por nuestra concepción moderna de entender la filosofía. 

La filosofía que yo defiendo a capa y espada es esa filosofía de calle que ejercía Sócrates por la plaza pública para bombardear a preguntas sobre la vida a la gente corriente. Vivo con esa filosofía mundana, en la que tanto un adolescente de 17 años reflexionando sobre problemas de su vida o un prestigioso “filósofo” desde la historia de la antigüedad, pueden filosofar de igual manera en distintos problemas filosóficos.

Entonces… ¿Todo el mundo puede filosofar? Si partimos de la base de que cualquier persona puede tener pensamiento crítico propio y se pregunte por los problemas que suceden en su vida, en ese caso, esa persona estaría filosofando. Pero seamos sinceros, la realidad es diferente ya que no todo el mundo posee pensamiento propio ni es crítico con lo que piensa y con sus acciones. Si esto no fuera así, Eichmann nunca se habría dejado llevar por la ideología dominante y nunca habría llevado a cabo el traslado de millones de judíos a los campos de concentración y exterminio. Por lo tanto, tampoco debemos caer en banalizar de forma ligera el filosofar porque no todo el mundo puede filosofar, precisamente por este motivo.

Volvamos a darle el significado más original y no forcemos ni pongamos en privilegio lo que supuestamente, tendríamos que hacer de forma espontánea con el objetivo de mejorar nuestra calidad de vida, y por tanto, también nuestra calidad de pensamiento crítico. Si conseguimos fomentar el pensamiento crítico en el sector más juvenil o adolescente, es muy probable que el interés hacia la filosofía aumente en la mayoría de jóvenes, ya que si se les muestra la filosofía como una mera asignatura que están obligados a aprobar y no como una manera de vivir, seremos nosotros mismos los que le estaremos quitando valor y peso a algo tan importante como es el hecho de reflexionar sobre esta vida y sobre los problemas que encontramos en ella.