viernes, 19 de julio de 2024

El amor con una mirada filosófica

  El amor es una de las cosas más complejas de este mundo. Sin embargo, al mismo tiempo es una de las más maravillosas y creo que sin amor no podríamos vivir. Es algo tan necesario como poder respirar. Se podría decir que, el amor es como un regenerador de vida que prácticamente, todos necesitamos día a día. ¿A quién no le gusta querer y que al mismo tiempo le quieran de forma recíproca? 

        De alguna forma, el ser humano cuando llega al mundo involuntariamente, se empieza a desarrollar físicamente y psicológicamente creando con el paso del tiempo una parte dentro de él afectiva. Cualquier ser humano tiene sentimientos, hasta la persona más cruel del planeta los tiene, aunque sean malos y por eso produzca malas acciones.

        Actualmente, el amor se asocia con sensaciones esporádicas o simplemente con la atracción sexual cuya finalidad es el simple placer. Ya lo decía Epicuro, el placer es el comienzo y el final de una vida completamente feliz, es decir, de la felicidad. Podríamos calificar al amor como el arma impulsiva más destacable e irracional del ser humano, ya que cuando uno está en plena fase de enamoramiento, suele razonar más con el alma y menos con la cabeza. El alma contiene el impulso y la cabeza contiene la razón, cuando existe un amor verdadero, la razón ganaría al impulso. 

        Platón dividió el alma en tres partes; por una parte estaba la parte racional, que era la parte que pensaba y la que poseía de alguna forma la racionalidad. Luego, estaba la parte irascible que aquí se destaca el valor que se situaría en el pecho. Y por último, y la menos importante para Platón, estaba la parte concupiscible, que era la parte del alma que producía acciones inmorales y en ella había escasez de racionalidad, esta parte era la menos importante para Platón porque las acciones recaían en el cuerpo del ser humano. Así que podríamos decir que visto desde el punto de vista platónico, cuando una persona está enamorada, se suele guiar más por la parte concupiscible (irracional) que por la racional. Esto se puede asociar actualmente con las infidelidades que hay en parejas, cuando engañas a tu pareja, se podría decir que te lleva la parte concupiscible, en vez de llevarte la parte racional que sería la que haría respetar a tu pareja porque supuestamente le quieres.

        Pues bien, el amor es como una montaña rusa, unas veces estás en la cima de la montaña, ahí es cuando va todo bien. Y otras estás en lo más llano del suelo hundido en el dolor. Pero al querer, tienes que aceptar obligatoriamente el poder ser dañado, ese es el riesgo que corremos todos cuando nos enamoramos de alguien que finalmente nos acaba haciendo daño o simplemente de alguien donde el sentimiento no es recíproco. Con lo cual, para poder querer a alguien, tienes que aceptar que igual te pueden hacer daño.

        El dolor es el famoso antagonista del amor, la mayoría de personas confunden las dos formas de querer que hay. Puedes querer bien y querer mal, pero del dicho al hecho hay mucho trecho y los conceptos de "bien" y de "mal" se suelen confundir y lo damos por aceptado. Spinoza, decía que el ser humano ama porque recibe alegría, sin embargo, esa alegría procede de un factor totalmente externo que hace querer más al otro que a uno mismo. Y el hecho de amar sería un estímulo social que busca la aceptación en la sociedad.
Y por ejemplo, Aristófanes (dramaturgo griego) dijo que el amor es el sentimiento más profundo y grande que puede llegar a tener el ser humano en la vida.

Una de las miradas y percepciones que podemos destacar en la época contemporánea sobre todo lo que conlleva el amor es la del pensador Erich Fromm. Fromm no considera al amor como solo un sentimiento de carácter romántico y empalagoso, para él, el amor merece la denominación de arte. Gracias a esta idea, escribió El arte de amar, en donde ahí indaga de forma más concisas las tantísimas formas que hay para llevar el amor a la acción y nos explica de forma detallada la forma en la que esas diferentes maneras de hacer amor, nos afectan de lleno en nuestras vidas, y por tanto en nuestras relaciones sociales. Erich Fromm nos proporciona un nuevo pensamiento en conceptos como la empatía, el compromiso, el autoconocimiento en uno mismo y en los demás o la generosidad propia y externa.

        Podríamos afirmar que el amor está sujeto a la ética en la cual todos distinguimos entre las acciones buenas o malas, y luego en función de nuestra manera de pensar, actuamos de una forma u de otra. Muchos pensadores antiguos tenían la idea de amor o de alma muy presente como nosotros actualmente. Y sobre todo lo más importante es que cuando amamos, no tenemos protección ante el daño, estamos vulnerables. Y la persona que de verdad está enamorada es la que realmente tiene la inocencia y la vulnerabilidad ante la otra persona y por lo tanto es la que ama de verdad. 

"Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal" (Nietzsche)



martes, 13 de febrero de 2024

Maldita Nerea y la filosofía


Hagámonos la siguiente pregunta… ¿Vale más la velocidad o el aprendizaje del proceso? Justo de eso nos habla el tema El secreto de las tortugas de Maldita Nerea. Si nos acercamos mínimamente a esta canción podremos ver que inevitablemente está cargada de un contenido filosófico que puede ser muy relevante en nuestras vidas cotidianas. El tema hace una clara referencia directa a Zenón de Citio, filósofo de la Antigua Grecia y gran exponente en la escuela helenística del estoicismo. A través de un mito, podríamos llegar a plantear que la tortuga (en este caso, Maldita Nerea), con trabajo, constancia y dedicación, pese a las adversidades, puede llegar a ser más rápida que una liebre (unos atletas o deportistas). Una de las paradojas más recurrentes y famosas que existen por parte de Zenón de Citio, es la que protagoniza Aquiles, en donde podemos observar cómo se desarrolla una especie de conversación sobre la velocidad y el tiempo.

– ¿Aquiles –el más veloz– sabrá alcanzar a la tortuga –la más lenta–?

– Ciertamente sí, si es más veloz.

– ¡Pero yo sostengo que el más veloz no podrá alcanzar al más lento!

– ¡Vamos, seguramente lo logrará, si es más veloz!

– Sin embargo, si lo piensas bien, comprenderás tú también que no tendrá éxito.

– ¡Pero no! De todos modos, incluso suponiendo que tuvieses razón, ¿qué más tendría que comprender?

– Considera este punto: si el más veloz debe alcanzar al más lento, al comienzo se dirigirá al punto en que se encuentra el más lento. ¿Estamos de acuerdo al menos en esto?

– Sobre esto sí.

– Pero ¿mientras tanto el más lento habrá estado quieto? ¿Se habrá quedado allí a esperar?

– Obviamente no. Si es lento, quiere decir que se mueve.

Que seamos lentos y no vayamos rápido, no significa que estemos parados y nos sometamos a una pausa eterna. Claro que avanzamos, la tortuga es la clara representación del conocimiento, del esfuerzo constante y del no tener prisa en llegar a la meta, disfrutando y superando así el proceso en el que se está sumergido. Aquiles por muchas capacidades de velocidad que tenga adquiridas y por mucha velocidad que posea, nunca podrá llegar a superar a la tortuga, porque la tortuga nunca dejará de estar en movimiento. La velocidad no implica ninguna seguridad de llegar a la meta, lo que determina llegar a la meta y a los objetivos es el trabajo y la concentración que vamos a llevar a cabo. Como ya vemos, la filosofía puede estar en cada uno de nuestros rincones, solo hace falta que lo veamos de forma distinta y con otro enfoque. El conocimiento es lento al igual que la tortuga, en cambio, en una sociedad líquida en donde reina la inmediatez, es decir, la información (la liebre) se tiende a caer en esta segunda sin atender en realidad al verdadero proceso de aprendizaje. Si conseguimos no caer en eso, podremos entender el secreto de las tortugas.