El amor es una de las cosas más complejas de este mundo. Sin embargo, al mismo tiempo es una de las más maravillosas y creo que sin amor no podríamos vivir. Es algo tan necesario como poder respirar. Se podría decir que, el amor es como un regenerador de vida que prácticamente, todos necesitamos día a día. ¿A quién no le gusta querer y que al mismo tiempo le quieran de forma recíproca?
viernes, 19 de julio de 2024
El amor con una mirada filosófica
martes, 13 de febrero de 2024
Maldita Nerea y la filosofía
Hagámonos
la siguiente pregunta… ¿Vale más la velocidad o el aprendizaje del proceso?
Justo de eso nos habla el tema El secreto de las tortugas de
Maldita Nerea. Si nos acercamos mínimamente a esta canción podremos ver que
inevitablemente está cargada de un contenido filosófico que puede ser muy
relevante en nuestras vidas cotidianas. El tema hace una clara referencia
directa a Zenón de Citio, filósofo de la Antigua Grecia y gran exponente en la
escuela helenística del estoicismo. A través de un mito, podríamos llegar a
plantear que la tortuga (en este caso, Maldita Nerea), con trabajo, constancia
y dedicación, pese a las adversidades, puede llegar a ser más rápida que una
liebre (unos atletas o deportistas). Una de las paradojas más recurrentes y
famosas que existen por parte de Zenón de Citio, es la que protagoniza Aquiles,
en donde podemos observar cómo se desarrolla una especie de conversación sobre
la velocidad y el tiempo.
– ¿Aquiles –el más veloz– sabrá
alcanzar a la tortuga –la más lenta–?
– Ciertamente sí, si es más veloz.
– ¡Pero yo sostengo que el más
veloz no podrá alcanzar al más lento!
– ¡Vamos, seguramente lo logrará,
si es más veloz!
– Sin embargo, si lo piensas bien,
comprenderás tú también que no tendrá éxito.
– ¡Pero no! De todos modos, incluso
suponiendo que tuvieses razón, ¿qué más tendría que comprender?
– Considera este punto: si el más
veloz debe alcanzar al más lento, al comienzo se dirigirá al punto en que se
encuentra el más lento. ¿Estamos de acuerdo al menos en esto?
– Sobre esto sí.
– Pero ¿mientras tanto el más lento
habrá estado quieto? ¿Se habrá quedado allí a esperar?
– Obviamente no. Si es lento,
quiere decir que se mueve.
Que
seamos lentos y no vayamos rápido, no significa que estemos parados y nos
sometamos a una pausa eterna. Claro que avanzamos, la tortuga es la clara
representación del conocimiento, del esfuerzo constante y del no tener prisa en llegar a la meta,
disfrutando y superando así el proceso en el que se está sumergido. Aquiles por
muchas capacidades de velocidad que tenga adquiridas y por mucha velocidad que
posea, nunca podrá llegar a superar a la tortuga, porque la tortuga nunca
dejará de estar en movimiento. La velocidad no implica ninguna seguridad de
llegar a la meta, lo que determina llegar a la meta y a los objetivos es el
trabajo y la concentración que vamos a llevar a cabo. Como ya vemos, la
filosofía puede estar en cada uno de nuestros rincones, solo hace falta que lo
veamos de forma distinta y con otro enfoque. El conocimiento es lento al igual que la tortuga, en cambio, en una sociedad líquida en donde reina la inmediatez, es decir, la información (la liebre) se tiende a caer en esta segunda sin atender en realidad al verdadero proceso de aprendizaje. Si conseguimos no caer en eso, podremos entender el secreto de las tortugas.
